Erbenzähler

Leve convulsión en su brazo derecho.
No se mueve. Es casi imperceptible, pero me doy cuenta por un suave y constante movimiento en la nuca de que va a moverse sobre la silla. Mientras, pero casi a la vez, comienza a mover los dedos a través del asa de la blancamente perfecta taza. La ase y acaricia hasta amarrarla con crueldad y hace un uso grosero de ella.

Abre la boca en la medida justa que le permite besarla. La sostiene sin pestañear. La baja de nuevo en ángulo recto su brazo, dejando que el despegue sea lento e indoloro. No le deja gritar.

Ese viejo rubio de 23 años, con gomina y raya a tres cuartos del cartílago derecho: es un robot.

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